Cabreos antológicos

domingo, 27 de mayo de 2012

Me preguntan que si no prefiero un libro que me haga dormir a otro que me cabree de aburrimiento. Yo no uso la lectura para provocar el sopor, sé que hay personal que usa esta técnica, muy respetable, pero no es mi caso. Aburrir me aburren los rusos, ya lo dije, aburrir me aburren los franceses del XIX e imagino que si cogiese un "Episodio nacional" se me caería al pie inmediatamente, por eso ni los toco. Cabreos antológicos he tenido pero por no poder creer el despliegue editorial con la bazofia impresa que tenía ante los ojos.  Y porque me habían robado, claro. Los resultados del jurado deborahdor son los siguientes: En el primer puesto está, indiscutible y ganando por goleada, El código da Vinci; lo terminé de pura mala hostia. No podía creer que algo tan tan malo produjera tanta pasta. En el segundo cajón del podio estaría Matilde Asensi con El último catón y su monja vaticana. Muy grande. Reconozco que tiré también de riñonada para acabarlo. Y en el tercer lugar estaría La tabla de Flandes, que produjo en mí un juramento cuasi-benedictino de no volver a abrir un libro de su autor. Voto que he cumplido como una jabata. Eran otros tiempos, no usaba las bibliotecas, no existían los blogs de opiniones y no había Kindle. Para rato me pillan ahora. 

Los tres mentados no llegaban siquiera a nivel "basura de calidad"

4 comentarios:

Francesc Bon 27/5/12 5:49  

Gracias por la mención/no mención. Curiosamente las tres encajan dentro de ese subgénero de la novela histórica o con pretensiones de serlo.

Deborahlibros 27/5/12 6:01  

Yo creo que los tres son más de intentos de Indiana Jones literarios que acaban en despropósitos, como muchas pelis, pero que no te cuestan 22 euros cada "broma". Gracias a ti por la inspiración... :)

Propílogo 27/5/12 23:58  

En parte te pasa eso porque compras, que es como coleccionar, pero con más margen de error. Yo también compro.
Una vez pensé que si alguien era finalista de un premio gordo, debería haber una buena razón, y que si su autor, a pesar de enseñar el culo en la tele, era medianamente inteligente, tal vez tuviera un mínimo de escrúpulo. Así que me dejé prestar el libro. Fue una dura pugna conmigo mismo. Me obligué a llegar a la página siguiente a la central, para tener al menmos la mitad más uno de las razones para ponerlo a parir con toda honestidad. Qué desastre, Izaguirre, qué vergüenza. Así está el mundo editorial, en el que benos libros se congratulan por vender ochocientos ejemplares.
Saludos
Gabriel

Deborahlibros 28/5/12 11:24  

Izaguirre... eso también tiene mucho mérito, sí. De vez en cuando arriesgarse no está mal, pero sin que nos roben, a poder ser. ¡Saludos!

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