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Los 40 principales

lunes, 18 de febrero de 2013

Iba a hacer esto con canciones. Ponerme en plan "revival" y echar alguna lagrimilla, pero voy a torturarme un rato haciéndolo con libros. El día que una cumple cuarenta añazos va a dar para muchos recuerdos y vértigos varios, pero qué menos que mentar cuarenta libros que han estado ahí para mí, libros que me dieron mucho y marcan mi existencia como las balizas de alta montaña, con el extremo rojo, para ser vistas en la nieve. A excepción del nº 3 y el 18, todos siguen conmigo y me dejo tantos por el camino que esto me empieza a parecer un crimen. Intentaré seguir el orden cronológico de lectura, en tres fases (ver nota). Ahí va una selección que podría ser mis 40 principales:

1. La piragua, método de lectura.
2. Un libro de poemas para niños de F.G. Lorca que mi madre me regaló por mi 7º cumpleaños.
3. Torres de Malory (novela río)
4. Los tres investigadores (serie)
Con esto empezó todo
5. Miguel Strogoff, de Julio Verne
6. El perro de los Baskerville, de A. Conan Doyle
7. La dama de blanco, de Wilkie Collins
8. La clave está en Rebeca, de Ken Follet
9. Rimas, de G.A. Bécquer
10. Éxodo, de Leon Uris
11. Los pilares de la tierra, de Ken Follet
12. Antología de poesía romántica inglesa (Byron, Shelley y Keats)
12. El beso de la mujer araña, de Manuel Puig
13. Ivanhoe, de Walter Scott
14. Shogun, de James Clavell
15. Asesinato en el Orient Express, de A. Christie 
16. Frankenstein o el moderno prometeo, de Mary Shelley
17. Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda.
18. Viven, de Piers Paul Read.
19. La casa de Bernarda Alba, de F. G. Lorca
20. Los gozos y las sombras, de G. Torrente Ballester
21. Poesía selecta, de Quevedo
22. Poesía completa, de F.G. Lorca
23. Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro
24. El caballero de Olmedo, de Lope de Vega
25. Pedro Páramo, de J. Rulfo
26. El amor en los tiempos del cólera, de G.García Márquez
27. El coronel no tiene quien le escriba, de G.García Márquez
28. La barbarie de la ignorancia, de George Steiner
29. Pantaleón y las visitadoras, de M. Vargas Llosa
30. Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata
31. La perla, de Yukio Mishima
32. El rumor del oleaje, de Yukio Mishima
33. Hiroshima mon amour, de Marguerite Duras
34. Plenilunio, de A. Muñoz Molina
35. Primavera con una esquina rota, de M. Benedetti 
36. La carretera, de C. McCarthy
37. La casa de los encuentros, de Martin Amis
38. La vida entera, de David Grossman
39. Santuario, de W. Faulkner
40. Mientras agonizo, W. Faulkner

NOTA: En verde: hasta los 18. En rojo: durante la carrera. En azul: desde el '98 hasta ahora)

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Por qué es importante Ken Follet

domingo, 4 de septiembre de 2011

Para una generación de cachorros lectores que deslizaron con trece o catorce años de la balda de libros de sus padres La clave está en Rebeca para devorarla, Ken importa. Vaya que sí. Ahora que veo que Harold Bloom leía y entendía Moby Dick con 11 años y poesía en yiddish antes de eso quiero dejar claro que no es mi caso, no sé el vuestro. A los trece o catorce años no sabía quién era Herman Melville y su obra maestra no la he leido jamás. A esa edad encontrar el dominio de tensión sexual -y posterior culminación- de los librillos de Ken es lo que hace que busques más. Que leas más. Tampoco es lo mismo conocer a Waleran Bigod antes de los dieciocho, ni de broma. Los pilares tienen las ganas, el ritmo y la documentación justa para -y ahí es nada- influir en la percepción de la Edad Media de toda la cuadrilla. Ken ha vendido lo que no está en los escritos, es cierto, pero ha fomentado la lectura más y mejor que cualquier campaña institucional ad hoc. Una vez descubrías "la clave" seguías con Triple, La isla de las tormentas y Noche sobre las aguas de un tirón y sin avituallamiento. También tropezabas con sus bodrios y con otro de los valores de Follet: el deterioro de su fórmula promovía la construcción de un criterio lector, aprendías a discriminar. Ya no te valía cualquier cosa que echarte a los ojos. Esos contratos editoriales tipo "me fabricas un libro al año sí o sí y a poder ser para la campaña de navidad" han hecho mucho daño a las letras impresas y han dado mucha pasta a unos pocos, estamos de acuerdo, pero decir que el consumo de best-seller lleva al suicidio intelectual " haciendo que los lectores se despeñen en el océano gris de Internet" como axioma es una gilipollez, Harold. No soy la única que llegó a Shakespeare o a Lope por la puerta de atrás. El caso es llegar. Y gracias a Internet puedo acceder a cosas como ésta. Si quiero, claro.


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LMTV (Libros que Marcan Tu Vida) o cómo empezó el desparrame.

domingo, 1 de mayo de 2011


Idea robada, ésta de los libros que marcan tu vida (a la americana, LMTV) pero muy manida, aunque a casi nadie le importe qué libros sacudieron mi etapa de maduración lectora. Lo que se comparte es el hecho en sí, el momento en el que un libro te roba el aliento o te hace creer que has descubierto el fuego. Si me salto la etapa pre-narrativa, la de los cómics, Los tres investigadores y Los cinco abren la puerta del desparrame lector, como para casi todo hijo de vecino; recuerdo también mi primer "enganche" a una saga con Torres de Malory, seis libros, seis, que pasaron de hermana en hermana y de prima en prima -éramos cuatro- como un reguero de pólvora. La transición, sorprendente, la clavó Julio Verne. Miraba a ese autor con un impresentable escepticismo adolescente hasta que mis manos abrieron Miguel Strogoff, y Verne me calló desde el inframundo, abofeteando mi arrogancia y dejando una muesca profunda en mi forma de enfrentarme a un libro: con más humildad, claro, y con una esperanza constante de evasión.

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