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Calor de hogar

miércoles, 30 de julio de 2014

Habrá quién no entienda la etiqueta de "Clima" en este blog. No les culpo, ellos no viven en Mordor, pero tuve que abrirla hace algunos años. El problema es acumulativo. Te tiras unos cuantos veranos seguidos sin que te suden hasta las ideas y es como si alguien te hubiese exprimido la luz -y las ganas para hacer cualquier cosa- de la cabeza. La última ola de calor, diagnosticada y certificada, por estos lares tuvo lugar en 2003. No pude disfrutarla a tope porque estaba liada con evitar que un bebé de semanas se deshidratara en un ático de 30 metros cuadrados que parecía un asador de pollos en hora punta, pero siento nostalgia. No es que pida ir más de dos días a la piscina, ni el placer de ducharte con agua fría al menos un par de veces al año, o el olor a aftersun saliendo del pijama. No. Me conformo con tener una vez al año esa sensación de salir del portal y sentir el golpe del calor en tu puñetera cara, dejándote noqueada, como si se hubiesen dejado abierta la calefacción radiante de las aceras. Que te sobraran los tirantes y que cualquier cosa por encima de unas sandalias con más de dos tiras en los pies... te molestara. Aquí ahora estamos a 17º y sopla norte con rachas moderadas. Me han dicho que un día de julio subieron de 30º, pero no lo vi, a mí me pilló fuera, y eso que este año he estado solo dos semanas -sueltas- lejos de Mordor. Ya se me ha olvidado aquello de regar todos los días, qué digo, días alternos. Este año no hemos comprado helados ni melones. Mi madre no ha hecho gazpacho, pero me ha ayudado a quitar limacos del jardín. Estaba lleno. Y le cuento a mi hijo que cuando tenía su edad en verano hacía tanto calor que se nos pegaban las piernas como chicles cuando íbamos en coche, que a las tres de la tarde apenas había gente por la calle y que a las once de la noche podías jugar en manga corta en la plaza. Y así muchos días seguidos. No sabe de qué le hablo.  


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Volver

miércoles, 19 de junio de 2013

Se confirmó el martes. Si nada se tuerce, este año vuelvo al paraíso lector de Almería. La noticia me cayó como una bengala en una cueva, iluminó incluso esta mierda de clima, no os cuento ya mi moral. Se lo había anunciado a mi contrario: si podemos, este año nos vamos a un desierto. Sí, quiero dunas, peluchones del oeste, moscas que se achicharran y pies que se totorran, todo en su jugo. Fondant. Y ha podido ser. He ahí el aliciente que me empuja a moverme hasta el coche, ir a currar, coche y volver, en bucle, hasta el 30 de junio. Deadline. A partir de ahí el mes de vacaciones toma otra perspectiva, ya que amenazan con robarnos también el verano y condenarnos a un invierno de 365 días, o más; al menos sé que en algún momento llegaré a estar a secano. Estoy por colgarme en un tendedero al sol con dos pinzas en cuanto llegue y deshidratarme un buen rato. Así, por hacer deporte. Quizás oiga grillos a la noche en vez de chapoteos y cambie el verde clorofílico por las casas encaladas y quizás acabe disolviéndome en libros como quien desaparece, suavemente, en bancos de arena fina. Literatura de erosión seca. En su punto para Deborah(r).


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El síndrome de Nueva York

domingo, 2 de junio de 2013

Dicen que han sido 27/31 días de mayo lloviendo, pero la sensación térmica es de cuarenta días con sus cuarenta noches lloviendo por cada rato de sol. La misma sensación de querer quemar contenedores, para entrar en calor, digo. Los indicadores internos de la escabechina acuosa son: ni una pastilla para la alergia al polen ¿qué polen? ingerida en 2013, ni un chute de inhalador, el rododendro ahogado, -y mira que aguantan nevadas estos bichos-, las ruedas de invierno todavía puestas, nieve en mayo, la ropa de verano en una caja, "mamá, dice el tutor que para la excursión a Donosti no hace falta el protector solar, ¿me puedo llevar los guantes?"; acumulación de mañanas en las que quieres quedarte a vivir en la cama cual personaje de Sue Townsend y -sobre todo- un incremento inusual de libros leídos en lo que llevamos de año. Pero han aparecido síntomas de algo más gordo, hemos parido un síndrome que, a diferencia del de Estocolmo, provoca fantasías extremas de evasión. Los últimos sábados en Mordor acabamos yéndonos a Nueva York. Miramos vuelos imposibles de pagar, solucionamos papeleos y para la cuarta copa ya estamos aterrizando en el JFK. A la mañana siguiente es cuando vuelves a ver el cielo encapotado y tú, que jamás habías querido cruzar el charco, vas y tarareas a Frank sin darte cuenta mientras limpias la encimera de la cocina. Y en tu cabeza, hasta escuchas las trompetas. 



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Con estos días azules...

lunes, 15 de abril de 2013

...y este sol que me da media vida se abre ante mí una temporada monótona y rutinaria, a la par que estresante, que sólo morirá al empezar mis vacaciones, eso sí, casi voy a llevar la fase alérgica con alegría. Qué pedazo de días soleados estamos viviendo en Elizaldea, oiga. Para pellizcarse. El sábado me lancé a comprar geranios como si hubiese cobrado; la cosa dio para ocho, pero son los ocho geranios más mirados a este lado del Ebro. Una vez acicalada la terraza sólo me queda sacar una silla para leer y aquí es cuando caigo en la cuenta de lo mal que va mi puñetera lista del 2013. Hecha papilla la he dejado. Tengo un Gótico Carpintero mirándome desde la mesilla, unos discursos de Faulkner que me agarran el tobillo cada vez que les hago la raqueta, mi primer Palahniuk esperando pacientemente, una Parcela de Dios abierta por la mitad y, desde ayer, una buena novela que no sé por dónde va a salir. Un desparrame primaveral. Joder, ya era hora. 

Florecillas campeonas forjadas en Mordor. 

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Sunny, one so true, I love you

jueves, 4 de abril de 2013

París, 1998. Mi primer contrato laboral y llevaba un mes viendo llover. No me podía creer que no se pudiera ver el sol en tanto tiempo. "Peor que en Bilbao, mamá" le había dicho desde una cabina a mi madre. "No puede ser" dijo ella. "Como hay Dios, es como si París tuviese puesta esa txapela todo el santo día, de racheao a txirimiri y vuelta a empezar". Realmente me estaba afectando, por mucha ilusión que tuviera por mi primer trabajo a los 25 años. La nativa que me dijo "Londres se lleva la fama, pero en París llueve mucho más" no ayudó nada, pero empecé a hiperventilar cuando la compañera de habitación, una asturiana de toda la vida, forjada en musgo mismo, se quejó del tiempo. Del calibre del asunto da idea la portada de periódico que vieron estos ojos el día que salió el sol "LE PRINTEMPS EST ARRIVÉ", titular a cuatro columnas, tamaño liberación de la ciudad. Desde entonces no me había hecho tanta mella el agua, hasta ahora. Empezó a caer en enero y no hay forma de que pare. Lo he intentado: estas vacaciones llevo cuatro libros en ocho días, y lo que te rondaré morena, pero, es oficial, no puedo más. Tenía que escribirlo. Parece que mañana va a nevar.  

Sunny, yesterday my life was filled with rain...

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Verde mar

miércoles, 27 de marzo de 2013

Que dice la Aemet ahora que en Navarra ha llovido más que en todo el estado. Que si 170%, que si los embalses explotan. No tenían más que preguntarnos, porque aunque no sepamos cuánto llueve en Cuenca o en Bujaraloz, nos sale el musgo por las orejas. El día 21 vimos el sol. Cuando parecía que iba en serio el lunes vaciaron el Cantábrico sobre nuestras cabezas. Todavía no ha arrancado el monte a florecer y ya está verde. Si las  escamas caen pronto será para salir al prau con gafas de sol. Tanta clorofila marea. Y allá por mayo, si toda va bien, pareceré Darth Vader con todos los trigales cual choperas.  Yo, personalmente, estoy hasta el estuario de tanta nube, niebla y charcos. Y como lo que viene es agua voy a agarrar un libro por la tarde y pienso quemarme las pestañas hasta el 8, a ver si consigo irme lejos, al París de Hemingway, al Wyoming del sheriff Longmire o donde puñetas me lleven las hojas.



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The nights of wonder

miércoles, 25 de julio de 2012

No hay como echarse tres cervezas, que tu madre te pille fumando a la mecagüendiez como si tuvieses catorce años y leerse un artículo de un neurocirujano sobre espina bífida abierta dedicado a Gallardón y sus "felices" ideas antes de cenar al fresco para que el verano entre, de una vez por todas, en nuestras vidas. Es que aquí nos cuesta un poco arrancar, por eso esta es la primera noche de verano del 2012. Apunten, 25 de julio. No "emocionarsen", que mañana llueve y volvemos a la normalidad. Normalidad es seguir esperando a saber qué coño va a pasar con las ayudas a discapacidad del Gobierno de Navarra, y por ende con el curro de una misma y sus diez compañeras y las vidas de tropecientos usuarios. Así nos tienen desde el 20 de junio, solo que hoy, ya he dicho que he bebido, como que lo veo de otra manera. Me quedan exactamente seis días de vacaciones y vivo en un sin vivir en mí lector: no sé si pegarle a "la" Woolf (tengo unas olas aparcadas mirándome) entrar con los sables (con un prólogo que hace la boca la agua a cualquiera), darle a los dragones de George R.R. Martin (apetece más después de esta reseña) o sencillamente hacer caso al señor @Albertogordo con un ojo clínico a prueba de bomba, y meterme a bucear en el libro que, estamos de acuerdo, tiene el mejor título de la Historia de la Literatura: Tender is the night y declarar inauguradas, por fin, las noches de verano en esta tierra. 


The grass was greener 
The light was brighter
When friends sorrounded
The nights of wonder 

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Seré el pescador

viernes, 20 de julio de 2012

Continúa la travesía, por el presunto verano y por la espera de guillotina. Lo primero, porque estamos a 16ºC aunque en Sevilla estén cociéndose y sea portada de telediarios, tengo un puto dejá vú con respecto al año pasado que no se me calientan los pies ni a tiros. Lo segundo porque este viernes acabamos de cumplir un mes sin saber si el Gobierno de Navarra se va a cargar con las tijeras lo que no está en los escritos, incluyendo, de rebote, el curro de quien suscribe. Ilusa de mí, pensé que parirían antes. Así que con la coartada me he dado a la lectura y al tabaco. También me he echado a la calle, como muchos, pero con el sabor amargo de la manipulación. Una manifestación encabezada por el mangarrián de turno era la única opción que tenía ayer en este pueblo que sólo sabe echarse a la calle en masa -eso sí, ahí no nos gana nadie- para organizar la madre de todas las juergas. Para todo lo demás, polarización y Master Card. Pero he visto Madrid, y he visto Barcelona, hasta he visto Valencia y (el gran) Bilbao, y casi pienso que sí, que #sísepuede. 

Well I know I will be loosened 
From bonds that hold me fast 
That the chains all hung around me 
Will fall away at last 
And on that fine and fateful day 
I will take me in my hands 
I will ride on the train 
I will be the fisherman 
With light in my head 
You in my arms



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Fotosensibilidad extrema

martes, 3 de julio de 2012

Cuidado. Dije que este blog iba de las circunstancias que rodeaban mis lecturas. Sálvese quien pueda, porque tengo coartada para radiar la epopeya de luz y de color que me ha sobrevenido. Sentada en el que parece el único chiringuito de toda la playa, cargada de libros y libreta en ristre me brotan consejos: no hagáis nunca Pamplona-Almería en coche con cistitis. El promedio de paradas parecía el tanteo de la final de pelota-mano. Y el estudio sobre aseos públicos de áreas de servicio me da para un plan de infraestructuras bianual. Y estatal. Tampoco creáis que la salvación está en los antibióticos para mamuts pillados a las 6.30am antes de empezar la peregrinación al sur: llevan la contraindicación de la exposición al sol incorporada. No es para tanto. Llevo munición bibliográfica para agotar hasta la última sombra. Estoy condenada a leer en el Cabo de Gata. Sufrimiento extremo.


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Hawai, Bombai

jueves, 13 de octubre de 2011

Elizaldea. Cuaderno de bitácora.

Día 3 de octubre: sandalias. Miro alrededor y no sé si la gente se hace cargo. El 10 de julio estábamos a 13 grados y soplando norte. Miro al cielo una y otra vez con los ojos como platos cada atardecer. Esto es muy fuerte. Tía.

Día 12 de octubre: no hay nubes, ni rastro. No hemos visto delfines, pero poco falta para verlos saltar Ultzama abajo. Por las tardes... riego. Hace cuatro días que no llueve y tengo que regar porque al mediodía, -Dios, no sé cómo escribir esto- al mediodía HACE CALOR. 

Día 14 de octubre: Estamos a mediados de octubre y todavía no he hecho sopa de cocido. Fenomenal, que diría Iñaki. Los colores del otoño están llegando deeespaaaacio y no hay pilas de hojas secas atrincherando las aceras. No lo sabía. No sabía cómo era una conversión paulatina a la rasca pura y dura. Esto me da media vida. Ya llegará, de golpe, nuestro invierno y se apagará la luz hasta mayo.



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Estado de sitio

martes, 26 de julio de 2011

Decía Jorge Nagore en un artículo de marzo del 2008, cuando llevábamos unos diez días a remojo, que había bajado al pescatero a pedirle el raspador para deshacerse de las escamas. Yo lo que pediría ahora, y no soy violenta, es un bazooka para emprederla a trabucazos con el cielo. No es de recibo, el mes de vacaciones no tiene por qué ser perfecto, ya todo el mes sin pareja lo excluye de la categoría, (¿con quién discutir?); pero tener un solo día por encima de los 30º en todo julio es para arrancarse las venas con un quitagrapas. Levantarse a 11º y ponerse los calcetines ya no tiene nombre. ¿Le extraña a alguien que me haya dado a las tetralogías de fantasía?. A mí me extraña que no le haya dado a algo más duro, como Corín Tellado o así. No recuerdo qué era llevar sandalias. Tengo musgo en las orejas. Llevo un polar puesto. Así, da miedo atacar la isla Sukkwan, pero algo tenemos que planear, porque agosto es muy largo y curramos de mañana, como la biblioteca, y ya ha empezado el estado de sitio. Cobijad a los niños, apilad la leña. Hay que consumir lo que tenemos a nuestro alcance: lo mismo puede ser una cena de Koch que unos cuentos japoneses. A saber qué terminaremos echando al buche. Al otro lado de la empalizada espera un cielo plomizo hasta la extenuación y con su ladrillo, como siempre, vigila Franzen.


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