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¿Pero quién coño es este que se acaban de cargar?

domingo, 10 de mayo de 2015

Voy a usar las iniciales, como en las crónicas de sucesos, para mantener el anonimato del sujeto, ya que, como le amenacé ayer, esto es para ondearlo a los siete vientos. Se trata de D.G., seguidor nº 27.986.831 de Jo Nesbo y su serie del detective Harry Hole, alguien quien lee todos los días en su trayecto al trabajo, lo que los neoyorquinos llaman "commuting" (y si metes esa palabra en Instagram te pondrás doblado de ver trenes de cercanías y estaciones de metro) pero que aquí llamamos "pillar la villavesa". Al ajo: D.G. viaja en el autobús público (a.k.a. villavesa) y mata el tiempo devorando a Nesbo, pero, ay, estos escandinavos nos vuelven locos con los nombres de las calles, y no te digo nada con los nombres y apellidos del personal. D.G. soluciona el conflicto usando el móvil -me dice- para escribir los nombres y apellidos de los personajes que van apareciendo. Entonces es cuando le digo que no exagere, que no es para tanto, hablamos de Nesbo, y en ese instante me muestra el cuerpo del delito. Y le doy la razón, con esta práctica dramatis personae es imposible perderse: 


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Atracón

domingo, 27 de abril de 2014

Han sido diez días de atracón, de leer como si no hubiese mañana, de un pulular, (ahora le pego a una novelita gabacha, ahora se me muere el amo de la barraca, ahora me meto un cómic, ahora una novedad por Sant Jordi) que me ha dejado como nueva. Otros se meten en atascos y se van a la playa, mi chiringuito evasivo ha sido la biblioteca de Burlada y mi tumbona la cama. Una vez cogido el ritmo llegas, inevitablemente, a esa resaca librera del no saber a qué meterle mano a continuación. Y lo mismo empiezas uno y lo cierras, que despiertas el Kindle y navegas por las ofertas, que ordenas por vigésimonovena vez la pila de la mesilla. Porque es domingo y mañana toca batalla y quieres seguir lejos, entre las páginas. Entonces miras el calendario y te aprieta el corsé que no llevas cuando ves que queda poco para cruzar el charco. Y ya es hora de preparar las provisiones para el viaje.

Deborahlibros después del atracón vacacional.



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Tsundoku

lunes, 24 de febrero de 2014

Hola, me llamo Déborah y le pego al tsundoku. He descubierto en Twitter el diagnóstico de mi mal gracias a la milenaria cultura japonesa, y aunque me resulte fascinante que tengan una palabra para esto, me empiezo a preocupar. Parece ser que tsundoku es comprar libros y luego no leerlos, creando pilas de libros a tu alrededor en espera de ser abiertos. Es muy chungo hacer el tsundoku porque genera un resquemor y un sentimiento de culpabilidad de aúpa. Te corroe la sensación de padecer un síndrome de Diógenes bibliófilo. Por mi propio historial médico sé que sólo se pasa arrancando alguno de la pila y leyéndolo en plan kamikaze. La crisis, el precio de los libros o la falta de espacio también pueden aliviar algo el mal rollo que da ver libros que compraste y no has abierto o que al abrirlos el interés que tenías se evapora y desaparece cual empleo en Coca Cola. Procuro controlarme, tengo rachas mejores y otras peores, ahí están los seis añitos de blog que acaba de cumplir el Deborahlibros en febrero para dar fe de que leo más que tsundokeo, pero hay veces que la urgencia es incontrolable y no puedes salir de la librería -física o virtual- sin tu chute. Últimamente tsundokeo más con libros de la biblio, que es mucho más sano y barato y además no ocupa lugar.

Foto vía @RogerDomingo

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Carta a una joven deborahdora

jueves, 13 de febrero de 2014

Querida Carmen:

No sé qué edad tienes pero a efectos lectores no es vinculante. Gracias por tu amable correo pidiendo consejo y alabando el blog de servidora. No tengo madera de gurú bloguera así que simplemente voy a contarte mis impresiones: Que leas libros y no sólo memes en Facebook o Whatsapp es meritorio. Que lo cuentes en un blog en el que defiendes que Crepúsculo deja que desear ya es para decretar fiesta nacional. Ojo, porque a los veinte segundos de entrar en tu sitio han saltado simultáneamente la alarma filológica y la vena docente, vienen las dos de fábrica, ya lo siento. No ha sido de 9 en la escala de Richter pero esas cosas hay que cuidarlas, duelen. Te falta muy poco para la perfección ortográfica, busca alguna hache desaparecida en combate, estará esperándote con una cuadrilla de tildes. Nada que no tenga remedio. Lo que más me ha gustado de visitar tu blog ha sido asistir a la construcción de tu criterio lector y debes saber que has provocado la nostalgia más absoluta al recordar mi adolescencia "deborahdora" y la madre de todas las envidias al pensar en todo lo que te queda por leer. El día que pases por encima de Meyer y Riordan no habrá biblioteca que te quite el hambre. Lee lo que te apetezca y desecha lo que te aburra o lo que te haga daño. Hay un tiempo para cada libro y no siempre acertamos, eso se arregla abriendo el siguiente. No sé qué nota te pondrán, por lo pronto, has ganado una seguidora. 

Y tienes razón, todo es siempre mejor con un libro.

Un saludo,

Déborah.


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Así no hay quien lea

domingo, 24 de noviembre de 2013

Como me repito más que los pimientos con ajo voy a ejercer de mosca cojonera y suelto una vez más que en épocas de estrés laboral desatado no puedo leer. Son quince días currando hasta los fines de  semana, todo sea por la causa, pero así no puedo. Para leer necesito desconectar las tropecientas áreas cerebrales que están activadas al acecho de horarios, alarmas del móvil, curro, niño, compra, vacuna de la gripe y todo lo que se tercie para dejar encendida únicamente la neurona de la lectura. Necesito esa mínima paz y la expectativa de abrir un libro y no tener hora de cierre. Y aunque estas dos últimas semanas he probado el "aquí te pillo, aquí te mato" arrastrando un libro por todos lados, intentando arrancar 20 minutos de evasión mientras espero en el coche aparcada frente a un colegio o polideportivo, la lectura interruptus no es para mí. Llevo una semana con un libro de tres adolescentes que agonizan, existencialmente hablando, en el ejército de Israel y no hay forma de darle la puntilla. El próximo acueducto foral -del 29 de noviembre al 3 de diciembre, ambos inclusive- pienso dedicarme a, entre otras cosas, tocarme las narices a dos manos, acabar el de Boianjiu y fusilarme el último de McCarthy. Alias Gure Cormac. Ese cuyo ejemplar tengo en la mesa de la cocina, centro neurálgico de la casa, y el cual miro, toco y sobeteo cada vez que paso por delante. El lunes toma otro cariz teniendo ese objetivo, no me digáis que no.


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Conduciendo la caída

martes, 1 de octubre de 2013

Foto: Flickr de brownie.bacon
No me carga conducir, me carga entrar y salir del coche, aparcar y arrancar dieciséis veces hoy, las he contado, cuando la media es de ocho. Quizás he notado en los gemelos que estaba doblando mi récord. Tenía ya la sensación de estar en el "Qué apostamos" y esperaba encontrar a Ramón en la acera esperándome con algún premio. ¿Y qué hago entre conducción y conducción? Pues lo que toque: recoger a un niño del colegio, comerme un pincho o esperar a que la infantería salga de atletismo. Voy  armada hasta los dientes, con el Kindle, alguno en papel y con el móvil, para musguear en Twitter mientras miras de reojo a los otros padres metidos en sus coches mientras diluvia. Y entonces es cuando te caes en otro artículo -uno más- dirigido por el Gremio de Editores en el que te echan la culpa de su estropicio comercial, aunque, bueno, hemos vendido bastante en América y hemos vendido por valor de 10 millones de euros en África. Sí, África. Volved a leer el antepenúltimo párrafo que no tiene desperdicio. Aquí sólo ganamos 4.933,66 millones (si haces la cuenta leyendo el artefacto) y la culpa de que aquí hayamos ganado menos es de esos desaprensivos que piratean y esos "malos hábitos" lectores del personal. Yo sigo publicando mierda a 24 euros y poniendo algún e-book de refilón a 17€ pero los lectores están hundiendo la economía nacional. ¿A cuánto venden sus Matildes Asensis en África? he pensado, ¿le meterán el plus de transporte y un IVA africano? ¿En serio?. He salido del coche a fumar hasta la siguiente carrera. ¿Que se caen? Así se estozolen.



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Mini-deborahdor

martes, 23 de julio de 2013

Se me ha ido de las manos, el experimento. El 1 de julio creamos un blog para ver cuánto leía en verano, y de paso intentar reducir el tiempo de exposición a nintendos y equisboxes en favor de la lectura. Durante la semana que hemos estado en la playa el tío ha tocado la DS sólo durante el viaje y se ha metido cuatro libros en una semana. Cuando era forzado a salir del agua cogía el libro de turno por banda y le daba un meneo hasta el siguiente chapuzón. Me suelta un "te he ganado, mamá", y con esas lides lo que se gana a pulso es un enlace en el blog de la responsable del txandrío. La cosa funciona porque ha leído libros que tenía en casa y a los cuales ni se arrimaba porque no había dragones y bichos en la portada. Funciona porque ayer entró en la biblioteca y salió con más libros que películas (una) y porque hemos tenido que habilitar un lugar de la casa para ir apilando los libros prestados y devolverlos a tiempo... ja, mañana ya hay que ir a por más leña. No se estira nada en las ¿reseñas?, repite esquema como los pimientos (ley del mínimo esfuerzo, no me puedo quejar, la fundé yo) y ya se ha echado un pique con el primo. Ay. Contagio a primera vista. No sé cuánto durará el calentón, pero creo que es oficial: he parido un mini-deborahdor. 

www.prolector2013.blogspot.com

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La batalla de la pantalla

sábado, 6 de julio de 2013

No teníamos más que un canal de televisión, y con horario restringido. La primera "maquinita de marcianos" que vimos la pasábamos por cinco pares de manos, así que no podía competir con saltar a la goma, jugar a polis y cacos, el balón prisionero, o ponerte los zapatos de tu madre. Ir al cine era un premio y todavía recordamos la primera película que vimos en VHS, en mi caso: toda una clase de 7º de EGB metida en el salón de "la Lajos" un viernes después del cole. Todo esto era cuando los libros no tenían competencia. Ahora hay que luchar a brazo partido con la interactividad, las evoluciones, los perfiles, los niveles de juego, el Kinect y la madre que trajo a todas las Nintendos. Cuando crees que has conseguido un avance por los flancos, porque el crío se engancha a una novela río de fantasía, los de Japón sacan una versión "negra" de Pokémon y te hunden. Al nativo digital de diez años que vive conmigo le queda una vida de pantallas, ya lo sé, pero el objetivo es que salga de esta casa con hábito lector incorporado, así que le he contraatacado con su medicina: tocará el ordenador cada vez que acabe un libro y escribirá una reseña en un blog  hasta septiembre, cuando se decidirá si sigue abierto o no, dependerá de cuánto lo haya alimentado. Es el proyecto del verano, le he dicho. Mentira, es la batalla final contra la atracción fatal de las pantallas... usando sus armas. Alea jacta est. 


Foto: thecloudist.com 


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Dos horas

viernes, 26 de abril de 2013

Me dijeron que tenía la tarde libre. Con semejante universo de posibilidades ante mi, a las cuatro estaba en la biblioteca. A las cuatro y cuarto ya tenía tres libros prestados en la mano. Luego a pasear con el cuello torcido por las estanterías, empezando por la A, con el abrigo puesto y los libros agarrados al pecho. Sinopsis van, solapas vienen, libros pegados por el forro de plástico que se resisten a pasear. Me quedé en la K. De repente un niño, hijo de la puta del pueblo, que duerme junto al fuego y escucha el trajín de la madre,  se prepara para su primer día de colegio... y luego cuchillos, y refugiados que siempre tienen hambre, y fábricas con trabajos alienantes, a ver de qué otro tipo hay. Y ganas de querer a alguien. A las seis alcé la vista. Había leído mi primer libro en una biblioteca, en el silencio hueco que ya casi no se convoca hoy en día, todavía con el abrigo puesto. Medio amodorrada por el viaje, me despedí del sitio y volví a anclarme al supermercado, al estanco, al coche, a la cocina. Gracias, gracias por esa tregua fingida. 


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¿Lees mucho?

sábado, 9 de marzo de 2013

Esta pregunta sólo me la hacen quienes no me conocen, así que las respuestas suelen ser tan diversas como intenciones tenga yo de seguir la conversación, desde "pse, algo", pasando por el "suelo leer"  hasta el, una vez confirmada la afinidad gastronómica, "no tanto como me gustaría". Pero ha sido hoy, sentada frente a esa desconocida, rubita, delgada y agradable como ella sola cuando la pregunta, por primera vez en mi vida, me ha dejado la boca seca. Sin darme tiempo a responder ha seguido con un implacable -¿qué edad tienes, "Déborah"?. -cu..cuarenta. -¿Y lees mucho?. -Sí, leo bastante. No hablaba la sinceridad, sino más bien la derrota. El nivel felpudo de garaje ha llegado con "Pues para tener esa edad, tienes bastante pérdida". Lo decía la simpática optometrista mientras escribía números y porcentajes en una ficha. La mujer lo ha intentado. Ha intentado suavizarlo. Yo he defendido el desgaste "he leído bastante..." y a continuación me sacaba monturas fuxias, violetas y -casi- con purpurina... "veo que intentas animarme, mira, la fuxia para el ordenador y la marrón para la lectura. Me importa un bledo de qué color sean las gafas de cerca. Yo siempre leo sola."

Yo iba a por unas gafas de sol y he salido con quevedos.
Foto: rebelion.org

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Malversadores editoriales.

viernes, 8 de febrero de 2013

Todavía me dura el cabreo que me agarré ayer tras leer esta interpretación de datos de los Sres. Editores (no todos, ya lo sé) sobre hábitos lectores de la fauna que somos: aquí la prenda. En su película el lector digital es el malo que ningunea la propiedad intelectual, el depredador despiadado del "todo gratis y todo pa' mí". Los Sres. Editores no comentan que un libro de 23 € en papel tiene un 4% de IVA. Tela lo que sisan de ahí ellos. Tampoco dicen que en el resto de países que no están -como nosotros- en el pleistoceno de la era bibliográfica digital, salen a la venta SIMULTÁNEAMENTE libro en cartoné - la tapa dura de toda la vida- bolsillo y electrónico, cada uno con su precio diferente para segmentos de público diferentes. El más barato es el del e-book, claro. Eso aquí no. Aquí ponemos e-books a precios de escándalo, si es que lo sacamos, ojo, o con DRM y candado; y paseamos el bolsillo cuando hemos exprimido bien las pilas de "en grande". Me da que la realidad es más compleja, no sé, yo a veces estoy en el 4 de cada 10 y a veces en el 6 de cada 10. Según el precio, claro. No me gusta que me roben más de lo habitual. Pago feliz, como mucho, hasta 9 euros por según qué capricho electrónico y la media de euros por e-book que me gasto será de 4 euros. Pago encantada ediciones bien hechas (Nórdica e-books), trabajos currados (e-Cicero) y tochos que comprimidos se llevan mejor en el Kindle (Vgr. Broma infinita ). También uso las bibliotecas, porque al final del día, ME GUSTA MÁS EL PAPEL, pero la nómina no da para gastarme entre 18-23€ cada vez que quiero leer. Tampoco comentan los recortes a bibliotecas para comprar novedades y las inexistentes inversiones en proyectos para préstamos de libro electrónico. Por último, si leo algo que me llega al tuétano y lo he cogido prestado en biblioteca o lo he recibido en un intercambio de archivos, ME LO COMPRO. Y si te descuidas en la edición más cara. Es lo que tenemos los lectores del último cuarto de S.XX, la manía de tener el libro en nuestra mano. Si esto les parece malversación, que esperen a que crezcan los cachorros nativos digitales. O espabilan ya o se van, directamente, a la mierda. 





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Embolaos

miércoles, 19 de diciembre de 2012

DRAE: 3. m. Cometido engorroso, problema o situación difícil que expone al deslucimiento.

Versión deborahdora: Dícese de las lecturas que a servidora le envían para ser reseñadas en el blog principal, primordialmente de autores noveles y desconocidos, aunque no necesariamente (que también llegó el ladrillo de Follet, al cual no se le debe aplicar lo que sigue). 

A ver si me explico: por un lado, me da tanto palo emitir un juicio por compromiso que ni siquiera leo lo que me mandan, no vaya a ser que luego tenga la tentación de colgarlo en el blog. Este tinglado nació por el gusto a la lectura de quien suscribe, no siendo voz autorizada para determinar nada. Emito mi opinión y expreso mis gustos, personales e intransferibles, y si de paso provoco lecturas satisfactorias a terceros, bienvenidas sean. Añadamos mi respeto absoluto a cualquiera que se plante ante un folio en blanco e intente crear algo en él y una alergia crónica a leer por obligación. La desarrollé plenamente en la carrera. 

Por otro lado, no hago publicidad gratis. Y menos a editoriales con presupuestos de primera división o a blogs subvencionados por dichas editoriales. Eso va a ser que no. Las normas de la casa son las siguientes: leo lo que me apetece y hablo de lo que se me pone en el callo izquierdo del pie derecho. Y sin anuncios en medio. Por favor. 

Lo que tengo por delante: si apetece bien, y si no, también. 

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Decálogo deborahdor

viernes, 18 de mayo de 2012

1. No acabarás un libro sobre todas las cosas, los bodrios se abandonan, que no hay tiempo. 
2. Honrarás a los clásicos al menos una vez en tu vida: una Odisea, un ALGO. 
3. Deborahrás best-seller, porque también de comida basura viven los hombres y mujeres... y porque te ayudará a distinguir mejor el jamón de pata negra D.O.  
4. Leerás preferentemente tumbada y sin infantería alrededor. 
5. ¿Murakami? No, gracias. 
6. Serás omnívora: narrativa, ensayo, teatro y poesía valen.
7. Tendrás alergia a la literatura rusa. Así, en general.
8. Tu lista de pendientes será más larga que un día sin pan. Tal es tu hambre y sed de lectura. 
9. No prestarás libros ni tomarás prestados. 
10. Leerás LIBROS, ya sea en formato electrónico, en papel, de bibliotecas, comprados, novedades, de viejo, incunables (ja, qué más quisieras) en papiro o en edición facsímil; en cualquier otro formato y categoría que se inventara o inventase. ¿Amén?


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