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Líneas rojas

domingo, 12 de abril de 2015

Quizás lo único que puede compararse a la infinita angustia de dejar de fumar es dejar de comer, y como una es masoca hasta decir basta, en el quinto mes quinto de abstemia tabaquil va y se mete a una dieta. A mis 42 añazos y ningún escaño me inauguro en esto del malvivir. No una dieta de "Oh, dice el Telva que me ponga doblada a albaricoque", no, una de voy a pagar a una profesional de la tortura para que me interrogue, me mida, me pese y me calibre con llave inglesa las lorzas de los muslos. No, no soy de Bilbao, he dicho que soy masoca. Increíble, pero he pagado por aguantar que me diga lo que nadie me ha dicho en la cara en mi puta vida: qué puedo y no puedo comer mientras asiento como un oso amoroso a un metro de ella. Sin meterme con sus ancestros ni nada, quiero decir. Resumiendo mucho y por si a alguien en esta galaxia le importa un cuerno, me falta agua y me sobran pintxos de txistorra. Yo es que soy más de salado. Mañana es el día D aunque llevo todo el fin de semana de mentalización, intentando no hacerme un pepito de lomo y recreándome con la sensación de que le dejé claro a la buena mujer -que lo es- que no creo en la homeopatía, ni acupuntura, ni en la ciencia infusa pero que si poniéndome unas bolitas en la oreja iba a tener menos ganas de cazar antílopes para comerlos, por mí como si me colgaba dos tinajas. También creo que pilló la idea de que ni harta de rooibos iba a apuntarme a un gimnasio o comerme un kiwi en ayunas a las 7:30 de la mañana después de beber un vaso de agua templada. Puestos, que antes me apaleasen una cuadrilla de estibadores, no te jode. Así que ahí le dejé, más plantadas que las fallas, mis líneas rojas.

Y las de Podemos no sé, pero esas, ya os lo digo, no se mueven.

Ganas de empezar el suplicio.

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Que ahora vuelvo

viernes, 14 de noviembre de 2014

La ansiedad del mono tiene su parte buena y su parte mala, la mala es que quieres sacar la katana y jugar a Kill Bill o algo; la buena es que haces acopio de libros como si no hubiese un mañana. Mi mesilla, que en realidad es un baúl, no da más de sí, tiene la tapa combada, noto que me grita. Lo mismo te da arramplar de la biblio un Premio Goncourt que atacar la inmensidad del "Yo confieso" de Cabré, que comprarte los "Mil cretinos" de Monzó que tanto tenías fichados, o que llevarte a casa la ovejita lucera de la "Intemperie" famosa para mirarla todos los días al levantarte o -incluso- aceptar como animal de compañía un libro prestado sobre la cárcel donde estuvo tu abuela en la Guerra Civil. Todo cabe, todo se puede, porque nos sobran ganas de no pensar en lo a gusto que saldríamos pitando a por tabaco. 


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Miedo

martes, 4 de noviembre de 2014

Esta esquina empezó un mes de enero de 2011 por aquello de que acababa de dejar de fumar y tenía que aporrear algo, mejor un teclado. Luego fumé, lo dejé, fumé y así todo hasta el día en el que para celebrar mi 31 de octubre particular (pero qué cansos con el Jalogüín, rediós) me asomé al abismo de mi propio miedo dejando de fumar esa misma noche. Ayer lunes casi me fumo las alfombrillas del coche y fumarme un folio empezaba a parecerme buena idea. He leído un libro sobre el tema y resulta que es bueno dar la brasa a todo María Santísima antes y después de apagar el último, así que os toca aguantar la vela. Procuraré no ser pelma en lo sucesivo. Prometido. Lo que no dice el libro es que cuando vuelves, seamos positivos, SI vuelves, todo hijo de vecino te restriega el ¿¿otra vez?? con esa cara que destroza cualquier atisbo de autoconfianza y cuyo campeón en componerla es mi contrario. Campeón de Primera división, además. Da miedo pensarlo, sí, pero no tanto como para no intentarlo. El miedo no tiene dueño, ahora mismo tengo miedo a ponerme como un zepelín, pero tengo más miedo a la piara de chorizos que nos desgobiernan -por un lado- y los palmeros que calientan sillón enfrente esperando su turno, como en la carnicería -¿quién es el último?- para pillar cacho. Miedo a dos años más. Miedo a que haya gente que todavía no lo vea. Y luego está el padre de todos los miedos: su miedo a que podamos. Y a mí me encanta el olor a ese miedo por la mañana.

Toma ya.

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Si me quedo atrás

miércoles, 4 de enero de 2012

Se puede empezar el año de tantas formas como personas hay sobre la faz de la tierra, y suspirar por lo que acabamos de terminar y resoplar por lo que tenemos que hacer suelen ser ejercicios de una gimnasia cuasi natural. El cambio de año no es un momento más, se pongan todos como se pongan, porque el tiempo es una inmensidad que necesitamos delimitar, como dibujar con el dedo baldosas en un mar de arena. Y el fin de año es uno de eso hitos kilométricos que colocamos en nuestras carreteras. Yo marqué el año pasado uno con este blog. Me puse a escribir sobre las variadas y superfluas circunstancias que acompañan a mis lecturas para pasar el monazo del tabaco, y me descubro un año más tarde con cinco mil visitas. Teniendo en cuenta la materia prima, es más que un récord, es un milagro, porque no son mías, las mías no se cuentan, ojo. Este año debo renovar mis votos de abstinencia (del tabaco, digo), porque un adicto siempre debe mantenerse en guardia; pero sobre todo debo empezar la retahíla anual diciéndole a mi contrario que los cuarenta le sientan de miedo y que le esperaré y que si me quedo atrás... que me espere. Ya falta menos para Anoeta. 



(Aquí dejo la letra.)

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Atasco

lunes, 10 de enero de 2011

Pedazo de atasco que tengo alicatado en la cabeza. A la batalla general, vamos a llamarle, "conflicto base", de los angelotes, en mi caso escuálidos y lánguidos que pelean día y noche con el demonio de la nicotina, se ha sumado hoy la lista de la compra de asuntos laborales pendientes, no me dan los postits, oye, en una carrera desaforada hacia el treinta y uno de enero, fecha en la cual, como todo el que trabaja en una ONG sabe, se acaba el mundo conocido y lo que viene siendo el universo galáctico en su esplendor.  Cuando consigo tomar aire, mientras me machaco a  tés, veo que se amontonan las lecturas en mi mesilla, las muy degeneradas parecen reproducirse por esporas, sin atinar yo a resolver por dónde hincar el diente. De hecho,  Mario, con su celta roncando, me mira mal desde su ventanilla porque llevo a Robert Stone de copiloto, soltándome barbaridades sobre Vietnam. Detrás llevamos a una francesa y una argentina que van echando una cabezada. A Franzen le atropellamos todos hace veinte kilómetros. Menudo atasco crepuscular.



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En la rama

martes, 4 de enero de 2011

Estaba yo dejando de matarme mientras un hostelero de Otxandio va y llama a la prensa para que tomen nota de cómo revienta la máquina de tabaco de su sidrería a mazazos;  resulta que ahora los fumadores antes de visitar a los enfermos meten en el bolso el paquete de Lucky, el mechero y la cinta métrica, no vaya a ser que calculen mal las baldosas de distancia y acaben en el trullo. Y cuando creíamos que la abuela ya no iba a parir gemelos sale a la palestra un alcalde diciendo que denunciar a fumadores le recuerda al Holocausto. No es fácil dejar de matarse, y menos con tanto tarugo suelto. De momento sigo sobreviviéndome, apretando los dientes, inflando los carrillos, sudando la gota gorda... pero quieta, muy quieta en la rama.


Diario de Noticias 2-01-2011                                                              

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Intentando la década.

domingo, 2 de enero de 2011

Empiezo la década intentando no matarme.  Intentando leer y escribir. Sí, a mis años.  Por eso he conjugado esas dos grandes verdades y he ido a pasar el mono a una librería.  Al cabo de quince minutos el pánico me ha paralizado al ver cinco libros en mi mano izquierda, ¿cómo coño han llegado hasta ahí?.  Después ha venido la evasión, mariposeando por las baldas -esa ha sido la mejor parte-, saltar de una contracubierta a otra e ir dejando reseñas patéticas como maletas tiradas en una cuneta. Porque no era el día para el libro que escribió no sé quién a los ocho días del suicidio de su madre, ni para la actriz porno que debía batir un récord tirándose a seiscientos tíos. Un día tan bipolar sólo lo podía acabar llevándome a casa una de drogas, tiros, despedida y cierre del sueño americano junto con un presunto "retrato intimista", de título exquisito, Suite francesa. Igual hasta le doy algún mordisquillo a alguno de ellos. Cuando el dependiente, que no librero, ha pasado los libros por el desactivador de las alarmas por cuarta vez, porque cuatro veces, cuatro, de la ganadería de cuatro, han sonado los arcos del triunfo  mientras intentaba salir de la tienda; el pobre chaval no sabía que se estaba jugando la vida. He decidido ser clemente y no bombardearle con una pila de Moleskines que estaban pidiendo a gritos entrar en combate. Aprovecharé el asqueroso insomnio de esta noche para pensar a qué voy a dedicar este blog, o mejor lo inauguro y que él vaya para donde quiera. Esto es empezar con una caterva de amagos y ninguna certeza, esto es empezar andando. Como dijo Yoda, "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". En ello estamos.

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